Crianza y educación

De abortos y duelos….

Encontré en este blog http://blogs.diariovasco.com/index.php/superandounaborto?cat=1139 una interesante descripción de las etapas de duelo después de una pérdida de embarazo, yo he pasado por dos , y estoy en proceso de mirar dentro (que da mucho miedo), por que es cierto, cuando el dolor se oculta no desaparece, muchas veces regresa mas fuerte….

 

Fases emocionales del duelo

Shock

Esta etapa puede durar unos minutos o unos días. Es ese momento en el que la conciencia de que lo que está ocurriendo nos cae encima como un jarro de agua fría. El cuerpo se queda bloqueado, quieto, mudo.

Negación

No queremos creer lo que ocurre. Sensación de que la realidad es sueño y de que lo irreal es verdadero. Pensamiento habituales son: “No es posible que esto me esté ocurriendo a mí”, “No puede ser”, “Ahora oiré el despertador y me despertaré en mi cama”…

En esta fase pueden permanecer todas esas personas que nos dicen: “ya tendrás otro”, “hay que vivir”… Es su manera de no revolver su propio pasado y sus propias creencias. Quién sabe si estas personas no pasaron por experiencias similares y en lugar de crecer, negaron y se negaron sus sentimientos de pérdida. Se han convertido en “ciegos” que no ven el dolor ajeno porque un día decidieron no ver el suyo propio.

Negociación

Comenzamos creernos lo que está ocurriendo y comienza una negociación a contra reloj con Dios, con el Universo, con … Si dejo de fumar, si hago reposo, si me porto bien… ¿recuperaré …? Algunas veces, da resultado, y nos dicen que no todo está perdido, que con mucho reposo o esta medicina o lo que sea, nos recuperaremos y tendremos al bebé. Las más de las veces, la Vida no está en nuestras manos.


Ira

La ira sana, la que lleva a defender/se, a buscar responsabilidades más alla de uno mismo y devolverles la parte de responsabilidad que no nos corresponde. Y recuperar la dignidad. Sólo cuando esta etapa esté vivida se podrá pasar a la siguiente.

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Tristeza

La tristeza serena. Cuando uno ha expulsado toda la rabia y, por fin, puede llorar. Llorar por quien se ha ido y ya no estará más; llorar por esa parte de uno mismo que también perdemos irremediablemente; llorar por la situación que muere para dar paso a otra tal vez no tan agradable. Llorar por una misma, por el dolor que desgarra, porque el llanto calma y las lágrimas saladas desinfectan y ayudan a sanar la herida; llorar por el dolor de nuestros semejantes, que se asemejan a nosotros más que nunca; Llorar por el Dolor con mayúsculas.


Aceptación

La aceptación supone haber aprendido a soltar cada día la mochila que sin querer nos cargamos. Mochila que lleva el peso de quienes no están y de quienes estando, no lloran a los que no están. Y ése es un peso que nos imposibilita continuar adelante.

Soltar, aflojar, sanar, caminar sin pesos, con la cabeza bien alta y el sol y la brisa acariciándonos las mejillas…

Siempre que haga falta, sin vergüenza, sin pesar por “haber fallado”, por haber caminado hacia atrás, por no sanar más rápido (todo lo rápido que los demás quisieran por lo incómodo que les resulta nuestro llanto hondo y sincero).

Todas estas fases no hay que tomárselas como algo líneal, una ocurre a continuación de la otra. La Vida es una gran Rueda y todo tiene su tiempo. Cuando pasa todas las fases, comienzas otra vez. Nunca es lo mismo, porque ya tienes un conocimiento previo. De hecho, lo que he descrito sería un paso previo a la sanación.

Realmente, la primera vez que pasamos por todo esto no nos enteramos de nada. Normalmente, después de la fase de Negociación solemos entrar en una fase depresiva mezclada con ira. A las mujeres no se nos está socialmente permitido enfadarnos. Aunque se está comenzando a superar este tabú, lo cierto es que tenemos muchas dificultades para expresar nuestro enfado después de generaciones de adoctrinamiento en las que se nos ha dicho que “tenemos que ser buenas chicas”. Como dice Klarissa Pincola Estés, somo lobas domesticadas, pero debajo de la falda y las puntillas, asoma una hermosa cola de Mujer Salvaje.

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Así que entramos en un tiempo en el que la ira queda hacia adentro, solapada por la tristeza (más socialmente aceptada, aunque no demasiado). Pero el que no vayamos por ahí soltando tacos y puñetazos, no significa que toda esa violencia no esté. Nos la comemos. La dirigimos hacia nosotras. Es una etapa marcada por el autocastigo (en mayor o menor grado) propiciado por la culpa (creencia irracional). Hasta que no se sea capaz de pasar de la culpa a la responsabilidad por uno mismo, no se pasará a las etapas siguientes: Ira Sana, tristeza Serena, Aceptación…

El duelo es un camino de aprendizaje del que hemos de aprender algo, como un camino de iniciación, una oportunidad que nos da la vida para desperezarnos y recuperar nuestra naturaleza salvaje, nuestra Fuerza, la diosa arquetípica que habita dentro de cada una. Si no aprendemos en la primera vuelta, se nos darán todas las oportunidades que necesitemos, según nuestros tiempos de aprendizaje.

Así, la última fase del duelo será:

Recomenzar la rueda siempre que haga falta.

Es bueno chequearse emocionalmente de vez en cuando y comprobar en qué fase me encuentro, o dicho de otro modo ¿qué estoy sintiendo en estos momentos?

Un duelo sano tarda en superarse (aproximadamente) entre un año o dos. A veces más. El duelo patológico puede prolongarse durante años en el tiempo solapándose con otroa conflictos, sumándose a otros duelos no resueltos.

Cada persona pasa su propio proceso de elaboración del duelo. Hay quien necesita 6 meses solamente. Hay quien se detiene más en una fase o en otra…

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Suele ocurrir que, aunque uno ya esté “mejor” según se acerca la fecha de aniversario en que sucedió el hecho traumático, parece que hay una recaída. Vuelven recuerdos, emociones, tristeza, malestar… Es normal. La Vida es un gran círculo que gira y nos vamos encontrando en el tiempo con determinadas experiencias. Pero no somos los mismos. Vamos adelante con nuestra mochila cargada de experiencia y sabiduría. Y herramientas con las que hacer frente a esos reflujos de dolor.

Muy importante:

Para hacer del duelo un momento pleno de nuestra vida: Darse permisos, para llorar, reír, pedir abrazos, dar achuchones, cuidarse, quererse… Darse el tiempo que uno necesita. Para ello es fundamental conocerse y conocer el propio ritmo de sanación.

Mónica Alvarez

Psicóloga, Kinesióloga, Terapeuta de Pareja y Familia

 

Tomado de:

http://groups.msn.com/Superandounaborto

Leticia Jiménez
Bloguera y emprendedora, mamá de 2, autora de "Berrinches y rabietas para mamás imperfectas" "De esto no se habla, testimonios de violencia obstétrica" y "Mamá y papá también son pareja" disponibles en Amazon.
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