Mirate al espejo y quiérete

Venus frente al espejo

De pronto me asombra  el leer o escuchar mujeres talentosas y hermosas llamarse “gordas” o “feas”. Tenemos metido hasta los huesos una imagen corporal que no corresponde al común de las mujeres, con la ayuda de programas de computación, un buen fotógrafo y maquillistas expertos, dan un bonito resultado en la revista, con la intención de vender productos,  pero altamente frustrante cuando como mujer piensas que eres menos por no parecerte al ícono en los medios.

Me preocupa mucho, ya que cuando somos madres el aprobarnos  o desaprobarnos a nosotras mismas la transmitimos a nuestras hijas, y ¿como vamos a romper con las cadenas de “hacer lo que la socieda dicta”? ¿o ser conscientes de nuestros cuerpos, amarlos y permitirles parir y ser como son si esperamos que entren en un molde impuesto por la mercadotecnia? o, si nos odiamos y nos decimos “gordas”, como que no tiene lógica, a mi parecer.
Voy a contar algo de mi propia historia,  desde los 4 años empecé a desarrollar prognatismo (que la mandíbula inferior se hace hacia adelante), muy pronunciado hasta los 12 años que me operaron, usaba anteojos con alta graduación, no pronunciaba correctamente la RR, mas padres en un divorcio volentísimo me tenían con una autoestima muy precaria. La adolescencia no fue fácil, sin embarago conforme fui creciendo, madurando, pasando por montones de relaciones fallidas (buscando el cariño que me faltaba en cualquiera que me hablara bonito) fuí recomponiéndome, aprendiendo a perdonar y a reconstruirme como persona, conocí a quien ahora es mi pareja  y estamos juntos.
Cuando tenía 34 años pasé por una apendicitis mal diagnosticada que se convirtió en peritonitis, 12 días hospitalizada, abierta en canal por que ese tipo de heridas deben cerrar solas para que drene la infección, con sondas y bolsas y dependiente de alguien hasta para bañarme y para las necesidades mas íntimas. Fué una gran lección de humildad, de cómo sómos frágles y de cómo la vida da vueltas. Me quedó de recuerdo una cicatriz en todo el abdomen y mis musculos abdominales hechos puré, mi esposo me cuidó todo este tiempo y me hizo sentir mejor por que estaba realmente deprimida de mi aspecto.
Tiempo después, descubrí que estaba embarazada de mi segunda hija (después de 2 abortos), un embarazo muy difícil para mí, entre que llegó en un momento complicado económicamente y la sorpresa, y que era de alto riesgo por que tengo problema de miomas (tumores) en el útero y eran de gran tamaño, nunca me tomé fotos de mi barriga embarazada por que no me gustaba ver la cicatriz que tenía, ni la protuberancia que hacía la hernia que causó el crecimiento de mi útero.
Nació mi hija por cesárea, al operarme querían hacerme histerectomía, finalmente no la hicieron, ahora 5 años después estoy con un útero enorme, los miomas pueden permanecer años tranquilamente y de pronto crecer mucho si te descuidas, los míos crecieron mucho, parece que tengo un embarazo de 6-7 meses, como tengo hernia mas el volumen y peso de los tumores no puedo correr o hacer ejercicio fuerte, estamos en tratamiento esperando ver cual es el valiente cirujano que se lanza a sacarlo, ya que me causa muchas otras molestias. (UPDATE me extirparon el útero y un tumor de 6 kilos el 2 de diciembre del 2013, mi vida y mi percepción corporal han mejorado mucho 😉 )
Un tiempo si estuve descuidandome mucho, y sintiéndome mal por mi apariencia, mas cuando me descubrieron los tumores, pero precisamente estas experiencias me han ayudado a crecer y a ver muchas cosas desde otros ángulos, mi cuerpo ha funcionado,  ha sido un buen cuerpo, fuerte, que ha salido adelante de muchas cosas, mi útero crecido me dió 4 embarazos, dos se lograron, ha sido un buen útero, Clarissa Pinkola lo pone en unas hermosas palabras.

 

El cuerpo es como la tierra. Es una tierra en sí mismo. Y es tan vulnerable al exceso de edificaciones como cualquier paisaje, pues también está dividido en parcelas, aislado, sembrado de minas y privado de su poder. No es fácil reconvertir a la mujer salvaje mediante planes de remodelación. Para ella lo más importante no es cómo formar sino cómo sentir.
El pecho en todas sus formas desarrolla la función de sentir y alimentar. ¿Alimenta? ¿Siente? Es un buen pecho.
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una satinada cuna de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son batangas para el cuerpo superior y el inferior; son pórticos, son un mullido cojín, asideros del amor, un lugar detrás del cual se pueden esconder los niños. Las piernas están destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos; son las poleas que nos ayudan a elevarnos, son un anillo para rodear al amante. No pueden ser demasiado esto o demasiado lo otro. Son lo que son.
En los cuerpos no hay ningún “tiene que ser”. Lo importante no es el tamaño, la forma o los años y ni siquiera el hecho de tener un par de cada cosa, pues algunos no lo tienen. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo siente, si tiene una buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma, con lo salvaje. ¿Es feliz y está alegre? ¿Puede moverse a su manera, bailar, menearse, oscilar, empujar? Es lo único que importa.
Hay que cuidarnos, hay que amarnos, por que al quererte te vas a preocupar de darte lo mejor y lo que te haga bien, tu cuerpo tiene una historia, tiene el linaje de tu madre, de tu abuela y de tus antepasados, y esas formas y esa imagen que tienes igualmente se la estás heredando a tus hijos, tiene la historia de vida del nacimiento de tus hijos, eso le da un gran valor, no te demerites por no ser como un molde artificial.

Mirate al espejo y ámate como eres y todo empezará a suceder en consecuencia.

Autor: Leticia Jiménez

Bloguera y emprendedora, mamá de 2, autora de “Berrinches y rabietas para mamás imperfectas” “De esto no se habla, testimonios de violencia obstétrica” y “Mamá y papá también son pareja” disponibles en Amazon.

6 opiniones en “Mirate al espejo y quiérete”

  1. Mucha razón Lety Jimenez, pase muchos años traumada por las cicatrices que tengo en las piernas, producto de varias cirugías de cadera, se que la intención era que caminara, pero parece que estaban cosiendo un costal, siempre que íbamos a nadar sentía feo que todo mundo viera las cicatrices y me tuviera lastima. Era algo que no podía sacar de mi cabeza, cuando aun era novia de mi parejota le comente que eso no me dejaba estar a gusto, incluso tenia miedo de su reacción cuando las viera, me dejo claro que el estaba feliz que me hubieran atendido y esas eran heridas de una guerra ganada, que no me preocupara y así fue, me hace sentir que no existen y hace mucho que no reparo en ellas. Ahora soy feliz.

  2. Wo! Me dejaste pensando.
    Y por dios! cuanta verdad. Muchísimas mujeres enojadas con nuestro cuerpo, cuando es de este mismo que damos vida, podemos acariciar, acunar, y abrazar a quienes amamos. Es éste, nuestro cuerpo, el que nos transmite sensaciones tan hermosas y únicas. Que parece absurdo que nos enojemos con él. La verdad muy hermoso mensaje.
    Felicitaciones, y muchas gracias. Un beso!

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