No, una mamá no puede ser ingenua

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¿De que hablo? de que a veces las mujeres tenemos esa tendencia, como que lo “bien visto” es ser “inocentes” “no, yo no me doy cuenta de nada” “soy tan ingenua que ni cuenta me doy”.

No me refiero a que todas nos veamos con desconfianza unas a otras, o ser amargadas o cínicas,  pero en serio, ser ingenua, a menos que tengas 14 años no es ninguna virtud para una mujer hecha y derecha.

No soy una mujer inocente, a estas alturas de mi vida pretender ser inocente es como las mujeres cincuentonas que todavía insisten en que les digan señorita, tirando por la borda toda la experiencia que me han dado mis años de matrimonio los partos y crianza de mis dos hijas, los embarazos que perdí, las experiencias que tuve antes y después de casarme.
Una persona inocente no tiene experiencia, no conoce nada, no se da cuenta de la realidad de muchas cosas, después de tener un hijo una madre tiene que perder su inocencia para poder proteger a su hijo que él es él realmente inocente y nosotras somos las encargadas de mostrarle el mundo.

Al comienzo de nuestra Vida, nuestro punto de vista femenino es muy ingenuo, es decir, nuestra comprensión emocional de lo oculto es muy débil. Pero es ahí donde todas empezamos como hembras. Somos ingenuas y nos empeñamos en colocarnos en situaciones muy confusas. No haber sido iniciadas en estas cuestiones significa encontrarnos en una fase de nuestra Vida en la que sólo estamos capacitadas para ver lo que es patente.

 

Entre los lobos, cuando la hembra deja a las crías para ir a cazar, los pequeños intentan seguirla al exterior de la guarida y bajar con ella por el camino. Entonces ella les ruge, se abalanza sobre ellos y les pega un susto de muerte para obligarlos a huir y regresar corriendo a la guarida. La madre sabe que sus crías aún no saben valorar y sopesar a otras criaturas. Ignoran quién es el depredador y quién no. Pero a su debido tiempo ella se lo enseñará por las buenas y por las malas.

 

Como los lobeznos, las mujeres necesitan una iniciación parecida en la que se les enseñe que los mundos interior y exterior no siempre son unos lugares placenteros. Muchas mujeres ni siquiera han recibido las lecciones básicas que una madre loba les da a sus crías acerca de los depredadores, como, por ejemplo: si es amenazador y más grande que tú, huye; si es más débil, decide qué es lo que quieres hacer; si está enfermo, déjalo en paz; si tiene púas, veneno, colmillos o garras afiladas, retrocede y aléjate en dirección contraria; si huele bien, pero está enroscado alrededor de unas mandíbulas de metal, pasa de largo…

 

Mujeres que corren con lobos /Clarisa Pinkola Estes

Como mujer y como mamá, afila tus antenas, hazle caso a tu sexto sentido, ser amable no está peleado con ser asertiva, que tus hijos vean una mujer fuerte que reconoce las situaciones y sabe reaccionar, posiblemente en los 50’s se estilaba ser fragil e inocente, pero sabemos que no los somos, atrévete a brillar y a ser tu.

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Autor: Leticia Jiménez

Bloguera y emprendedora, mamá de 2, autora de “Berrinches y rabietas para mamás imperfectas” “De esto no se habla, testimonios de violencia obstétrica” y “Mamá y papá también son pareja” disponibles en Amazon.

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