Honremos a nuestros hijos
Del Newslettter de Laura Gutman:
No hay nada mĆ”s sagrado que un niƱo pequeƱo.Ā Nada mĆ”s puro, mĆ”s hermoso y mĆ”s frĆ”gil que un niƱo pequeƱo. Por lo tanto, no solo nos corresponde adorarlos, sino cuidarlos como un fino cristal, porque de lo contrario, se rompen para siempre.Ā ĀæQuĆ© hacemos frente a una joya Ćŗnica que nos han dado para custodiar? La envolvemos en un manto de terciopelo. Luego la adornamos con cintas de oro. Vigilamos que nadie se acerque.Ā Velamos que no sea manoseada. La acariciamos suavemente para que brille cada dĆa mĆ”s. La resguardamos de vientos y mareas. La protegemos de violencias humanas.Ā Y en el momento adecuado,Ā la volvemos a entregar al camino. El valor de la alhaja es incalculable y cualquier rasguƱo que sufra, serĆ” nuestra responsabilidad.Ā Solo deteniĆ©ndonos a observar la belleza infinita que emana de su luz, podemos vislumbrarĀ el tesoro que llevamos en nuestras manos.
Asà son nuestros hijos, asà de bellos, de luminosos y resplandecientes. Los niños merecen recibir desde el instante en que nacen, nuestro respeto genuino, complaciente y cotidiano. Cosa poco habitual. QuizÔs por eso sea ésta la mÔs atroz contradicción de nuestra moderna sociedad: No honrar lo mÔs bello y puro que tenemos, se convierte en una masacre colectiva. Por eso, hagamos unos minutos de silencio. Observemos a los niños. OfrezcÔmosles nuestras mejores sonrisas, si no tenemos nada mÔs para brindar. Acariciémoslos.
Respetémosles el sueño, la vigilia, el hambre, el juego, el ritmo, el contacto, la curiosidad y el derecho a la verdad. RindÔmonos ante ellos, tomando en serio cada pedido. Tratemos sus cuerpos con dulzura y dedicación. No los contaminemos con palabras furiosas. Recordemos que en los niños vibra el alma de la excelencia.
Laura Gutman

